¿Qué pasa con el néctar cuando cambia el clima?

A veces pensamos que una flor funciona igual durante todo el día: florece, produce néctar y el colibrí simplemente viene a buscarlo. Pero la realidad es un poquito más interesante.

El néctar es un recurso dinámico.

La cantidad de néctar que produce una flor puede cambiar según la especie, la temperatura, la humedad, la disponibilidad de agua y la cantidad de luz que recibe. Incluso puede variar a lo largo del mismo día.

En un día soleado, algunas plantas pueden aumentar su producción de néctar gracias a una mayor disponibilidad de luz. Pero esto no significa que "más sol = más néctar" indefinidamente. Si las temperaturas son demasiado elevadas, la producción puede disminuir en determinadas especies.

En un día nublado, algunas flores pueden producir menos néctar. En determinadas especies se ha observado una disminución importante de la secreción cuando disminuye la cantidad de luz solar. Sin embargo, no todas las plantas responden de la misma manera.

 ¿Y qué pasa cuando llueve?

La lluvia también puede modificar la disponibilidad del néctar. Puede diluirlo o remover parte del néctar que se encuentra expuesto y, al mismo tiempo, modificar las condiciones que necesita la planta para producirlo. Además, el clima lluvioso puede reducir la actividad de algunos polinizadores.

Por eso decimos que el néctar es un recurso dinámico.

Su cantidad y disponibilidad pueden cambiar según las condiciones del ambiente. Y esto también puede afectar a los colibríes, que dependen de estos pequeños recursos para obtener la energía que necesitan.

Y es aquí donde el bebedero puede cumplir una función importante.

Un bebedero puede funcionar como un recurso complementario, especialmente en aquellos momentos en los que la disponibilidad natural de néctar puede ser menor.

Y hay algo fundamental: El bebedero no reemplaza a las flores.

No ofrece polen, no participa de la polinización y no forma parte de toda la relación ecológica que existe entre una planta y su polinizador. Pero eso tampoco significa que sea algo malo. Puede ser, simplemente, una ayuda más.

La clave está en no pensar nuestro jardín como una elección entre una cosa y la otra, sino…

 Flores + bebedero +  refugio +  lugares de descanso = un jardín pensado para colibríes.

Porque si queremos cuidar a estas pequeñas aves, quizás no se trate de ofrecerles una única fuente de alimento. Se trata de que, cuando lleguen al jardín, encuentren recursos.

Incluso en esos días en los que el cielo está gris, llueve y las flores están produciendo de una manera diferente.